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Origen del tarot: del juego al espejo interior

¿Cuál es el origen del tarot y cómo se convirtió en una herramienta de autoconocimiento?

Origen del tarot: del juego al espejo interior

La historia del origen del tarot revela cómo una baraja creada para jugar pasó por el arte, el ocultismo y la psicología simbólica hasta convertirse en una herramienta contemporánea de autoconocimiento

Sobre una mesa, alguien gira La Rueda de la Fortuna y pregunta por una decisión que no la deja dormir. La escena parece venir de un tiempo remoto, pero el origen del tarot cuenta otra historia: esas cartas no nacieron para revelar el futuro ni para acompañar una búsqueda espiritual. Surgieron como un juego en las cortes del norte de Italia durante el siglo XV.

Lo verdaderamente fascinante no es que el tarot haya conservado un significado secreto e intacto durante miles de años; sino que cada época volvió a mirarlo y encontró algo nuevo en sus imágenes. Primero fue entretenimiento y objeto artístico.

Después se convirtió en una forma de cartomancia, en un sistema esotérico y, mucho más tarde, en un lenguaje para explorar la experiencia interior.

Esta transformación no obliga a elegir entre historia y espiritualidad; conocer lo que puede documentarse no elimina el misterio que una persona vive frente a las cartas. Al contrario: permite reconocer las distintas voces que hablan dentro de un mazo y decidir, con mayor consciencia, cuáles queremos escuchar.

¿Cuál es el origen del tarot?

La respuesta breve es esta: el origen del tarot que puede documentarse se encuentra en la Europa del siglo XV, particularmente en las ciudades y cortes del norte de Italia. Sus primeras formas reconocibles fueron barajas para jugar, no libros sagrados ni instrumentos creados expresamente para la adivinación.

El curador Tim Husband, del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, sitúa las referencias más antiguas conocidas en las décadas de 1440 y 1450, dentro del territorio comprendido entre Venecia, Milán, Florencia y Urbino.

A estas 56 cartas de cuatro palos —copas, espadas, bastones y monedas— se añadieron 21 triunfos ilustrados y la figura del Loco.

Los triunfos eran cartas ilustradas especiales que se imponían sobre las cartas de los cuatro palos y tenían una función concreta durante la partida: podían vencer a otras cartas; pero sus imágenes también hablaban el lenguaje de su tiempo: Emperadores, figuras religiosas, virtudes, el amor, la muerte y la rueda de la fortuna formaban parte del imaginario moral, político y espiritual del Renacimiento.

Algunas de las barajas más antiguas que sobreviven están vinculadas con las familias Visconti y Sforza de Milán; no eran objetos modestos, fueron pintadas a mano, decoradas con oro y encargadas para círculos cortesanos, eran juego, obra de arte y representación del mundo al mismo tiempo.

La historiadora del arte Vanessa Álvarez Portugal, en una investigación publicada por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, examinó la carta que hoy llamamos El Mago en el tarot Visconti-Sforza y encontró relaciones con imágenes astrológicas, alquímicas y simbólicas de los siglos XIV y XV.

Esto muestra que las cartas nacieron dentro de una cultura visual rica; no eran dibujos vacíos a los que siglos después se les añadió toda profundidad.

Sin embargo, reconocer esas capas simbólicas no equivale a afirmar que el mazo ya se utilizaba como lo hacemos hoy. Una imagen puede contener religión, jerarquías, mitos y preguntas humanas sin haber sido creada como método adivinatorio.

Antes del tarot ya preguntábamos a los oráculos

La humanidad no esperó a que existieran las cartas para conversar con lo desconocido, mucho antes del origen del tarot, distintas culturas observaron sueños, astros, huesos, movimientos de animales, textos, voces y fenómenos naturales para orientarse ante una guerra, una cosecha, una enfermedad o una decisión colectiva.

En Delfos, un santuario religioso de la antigua Grecia, por ejemplo, el oráculo era una institución religiosa vinculada con Apolo y con las respuestas pronunciadas por la Pitia, la sacerdotisa que actuaba como portavoz del dios en la tradición griega.

En la China de la dinastía Shang, preguntas y resultados quedaron inscritos sobre huesos y caparazones. En otros lugares, la adivinación se integró a rituales domésticos, políticos y comunitarios.

Estas prácticas comparten una necesidad profundamente humana: actuar aun cuando no tenemos certeza completa; pero no forman una sola tradición que pueda seguirse, sin interrupciones, hasta las barajas actuales.

Cuando hoy llamamos “oráculo” a un mazo de animales, plantas, diosas, ángeles o mensajes, usamos una palabra antigua para nombrar un formato contemporáneo mucho más libre.

El tarot conserva una estructura reconocible de 78 cartas; los mazos oráculo, en cambio, pueden tener cualquier cantidad y organizarse alrededor del universo elegido por su creador. Ambos pueden emplearse para preguntar, contemplar o realizar un ritual, mas sus historias no son idénticas.

Francia transformó la historia del tarot

Si Italia dio al tarot su primera forma documentada, Francia cambió su biografía espiritual; en 1781, el escritor y erudito Antoine Court de Gébelin sostuvo que las cartas conservaban restos de un antiguo libro egipcio.

Su propuesta apareció en una Europa fascinada por Egipto y por la posibilidad de recuperar una sabiduría primordial que habría sobrevivido oculta a través de los siglos.

No se ha encontrado una cadena de objetos o documentos que conecte el tarot italiano con un libro del antiguo Egipto.

Aun así, la propuesta de Court de Gébelin produjo algo poderoso: ofreció una nueva manera de mirar las cartas; una explicación puede no corresponder al origen material de un objeto y, pero sí a comprender cómo se fue transformando.

Jean-Baptiste Alliette, conocido como Etteilla, llevó ese cambio al terreno de la práctica. Durante las últimas décadas del siglo XVIII publicó métodos de cartomancia y desarrolló una baraja destinada expresamente a la adivinación.

Ahí fue que las barajas utilizadas en ese juego comenzó a convertirse en un sistema para leer correspondencias y posibles acontecimientos.

En el siglo XIX, el ocultista francés Éliphas Lévi relacionó los arcanos con la cábala, la numerología y la magia ceremonial.

Las cartas dejaron de ser solo imágenes ordenadas dentro de una partida; comenzaron a entenderse como partes de una arquitectura espiritual.

Este viaje forma parte de una circulación de ideas mucho más amplia; en nuestra entrada de blog Ideas espirituales entre México y Francia: el viaje invisible exploramos cómo el espiritismo, el ocultismo, las devociones, el arte y otras búsquedas cruzaron el Atlántico y adquirieron nuevos sentidos.

El tarot es otro ejemplo de ese movimiento: una práctica nunca llega sola; viaja acompañada de libros, traducciones, símbolos, preguntas y personas que la reinterpretan.

Decir que la genealogía egipcia no está documentada no vuelve irrelevante la tradición esotérica francesa; significa algo más interesante: el tarot que muchas personas conocen hoy fue construido mediante sucesivas capas de imaginación espiritual. Francia no descubrió un significado inmóvil; participó en la creación de uno nuevo.

Pamela Colman Smith convirtió los números en escenas

La siguiente gran transformación ocurrió en Gran Bretaña; Arthur Edward Waite y la artista Pamela Colman Smith coincidieron en la Orden Hermética de la Golden Dawn, una sociedad fundada en 1888 que estudiaba magia ceremonial, astrología, cábala y otras corrientes ocultistas.

De esa colaboración surgió la baraja publicada en 1909 y conocida durante décadas como Rider-Waite. Hoy es cada vez más frecuente nombrarla Rider-Waite-Smith para reconocer a la mujer que dibujó sus 78 cartas.

La aportación de Smith fue decisiva, en muchas barajas anteriores, los arcanos menores numerados mostraban únicamente la cantidad correspondiente de copas, bastos, espadas o monedas.

Smith los convirtió en escenas habitadas: una persona cargando un peso, otra contemplando lo que ha perdido, una familia reunida, alguien esperando los frutos de su trabajo.

Ese cambio permitió leer no solamente por correspondencias memorizadas, sino también mediante gestos, atmósferas y relaciones. Quien observa puede entrar en la escena, reconocerse, rechazarla o encontrar una pregunta que antes no tenía palabras para formular.

El Victoria and Albert Museum considera que esta fue la primera baraja moderna con todos los arcanos menores plenamente ilustrados para favorecer una lectura intuitiva. Buena parte del tarot que circula actualmente —en consultas, talleres, libros y redes sociales— todavía habla con el lenguaje visual que Smith ayudó a crear.

Jung no creó el tarot psicológico, pero abrió una puerta

Cuando una carta parece describir un conflicto íntimo, es común escuchar que funciona mediante los “arquetipos de Jung”. La relación existe, pero necesita contarse con precisión.

Carl Gustav Jung estudió símbolos, mitos, sueños, alquimia y experiencias religiosas. Llamó arquetipos a ciertos patrones que aparecen en imágenes y relatos humanos, y utilizó el concepto de individuación para hablar del proceso de integrar aspectos conscientes e inconscientes de la personalidad.

Jung no creó un método sistemático de tarot ni fundó el llamado tarot psicológico, fueron autoras y practicantes posteriores quienes pusieron sus conceptos en diálogo con los arcanos.

Las referencias directas son Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, donde Jung relacionó la serie de imágenes del tarot con los arquetipos de transformación, y el seminario Visions de 1933, en el que describió los arcanos como imágenes de situaciones simbólicas. Sus menciones fueron breves y no constituyen un método de lectura.

Una obra fundamental fue Jung and Tarot, publicada por Sallie Nichols en 1980; Nichols leyó los triunfos como imágenes de un recorrido interior y los relacionó con la individuación.

La descripción editorial de Weiser Books confirma que Nichols interpretó los arcanos mayores a partir de los arquetipos y los relacionó con el proceso de individuación.

La distinción importa porque evita convertir a Jung en una autoridad que certifica todas las interpretaciones actuales. Su pensamiento ofreció un vocabulario. Otras personas construyeron el puente entre ese vocabulario y las cartas.

Desde esta perspectiva, La Torre puede resonar con la caída de una estructura interna; La Sombra no sería una carta específica, sino aquello que una imagen nos obliga a reconocer; y El Loco puede representar tanto apertura como falta de dirección.

Estas no son traducciones automáticas, son posibilidades que adquieren sentido en la relación entre la imagen, la pregunta y la historia de quien consulta.

¿Cómo el tarot se convirtió en una herramienta de autoconocimiento?

Durante el siglo XX, el tarot entró en conversación con el surrealismo, la psicología simbólica, la contracultura, la Nueva Era y distintas corrientes de desarrollo personal.

La pregunta: ¿qué va a ocurrir? comenzó a convivir con otros cuestionamientos: ¿qué no estoy viendo?, ¿qué patrón repito? o ¿qué posibilidades tengo frente a esta situación?

En 2004, Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa publicaron La vía del Tarot, una de las obras que más influyeron en el ámbito hispanohablante.

Su propuesta entiende las cartas como una arquitectura simbólica y una vía de conocimiento interior, es una interpretación contemporánea situada, no la prueba de que ese haya sido el propósito original del tarot.

En entrevista con Javier Raya a Marianne Costa titulada Conversación psicopoética, Marianne describió la lectura como un trabajo con imágenes, presencia, cuerpo, lenguaje y relación.

Asimismo, comenta que la carta no tendría que operar como una orden llegada desde fuera; puede abrir una conversación que ayude a cambiar el punto desde donde observamos un problema.  La fuente de este pasaje es.

Aquí aparece lo que muchas personas llaman tarot evolutivo; no se trata de una escuela histórica única ni de un método regulado. El término suele señalar un cambio de intención: en vez de presentar el futuro como una sentencia, busca ampliar la consciencia y devolver a la persona capacidad de elección.

En Tarot para la evolución del alma, Sebastián González Dogliotti, facilitador de consciencia y maestro de Tarot Egipcio Evolutivo explicó en entrevista a Vibrar Consciente que utiliza el tarot como un mapa de probabilidades y autoconocimiento.

Su experiencia representa la mirada de un practicante: permite comprender cómo se vive y se enseña actualmente esta corriente. La historia que estamos recorriendo aquí aporta el otro lado de la conversación: cuándo surgieron las distintas ideas que hoy conviven dentro de una lectura.

Ninguna de las dos miradas necesita cancelar a la otra; la experiencia espiritual responde qué encuentra una persona en las cartas.

La investigación histórica pregunta cuándo y en qué contexto comenzó a atribuirse ese significado; juntas ofrecen un panorama más amplio.

¿Qué sucede realmente durante una lectura de tarot?

Una lectura no está formada solo por cartas; hay una pregunta, un espacio, una selección al azar, imágenes, silencios y una conversación.

También intervienen las expectativas, la intuición, la memoria y la capacidad de quien lee para construir un relato sin apoderarse de la vida de la otra persona.

En el reportaje The worlds of tarot: Students explore the history and meaning of divinatory cards, la antropóloga de la religión Todne Thomas, quien impartió con Nicholas Jones un curso interdisciplinario sobre tarot en Yale durante 2025, lo describe como una experiencia que involucra varios sentidos: es visual y táctil, pero también auditiva porque existe una conversación.  La descripción aparece en

Esa combinación ayuda a entender por qué una consulta puede sentirse significativa incluso antes de decidir cómo explicamos esa experiencia.

Para algunas personas, el azar permite que aparezca una imagen que interrumpe una idea repetitiva, para otras, existe una sincronicidad o una guía espiritual.

Alguien más puede vivirlo como ritual, narración o ejercicio creativo, estas interpretaciones pueden coexistir sin que una tenga que imponerse como explicación universal.

La pregunta editorial más fértil no es únicamente si el tarot “funciona”, es qué hacemos con la respuesta que recibimos.

Si una lectura abre una pregunta, ayuda a reconocer un deseo o invita a reunir información antes de actuar, puede ayudar a la persona a reconocer que conserva la capacidad de elegir y actuar por sí misma.

Si convierte una imagen en amenaza, dicta decisiones inevitables o genera dependencia de nuevas consultas, la relación con el símbolo se vuelve más estrecha.

La espiritualidad no exige renunciar al criterio; también puede ser una forma de escucharnos con mayor profundidad y de reconocer que ninguna herramienta necesita contener toda la verdad para ofrecernos una perspectiva valiosa.

¿Cómo acercarte al tarot sin entregar tu capacidad de decidir?

Antes de aceptar una interpretación como respuesta definitiva, te proponemos algunas preguntas que puedes hacerte:

  1. ¿Qué observo realmente en la carta antes de escuchar su significado?
  2. ¿Qué parte de la interpretación resuena con mi experiencia y cuál no?
  3. ¿La lectura amplía mis posibilidades o intenta producir miedo y dependencia?
  4. ¿Qué información necesito buscar fuera del tarot antes de tomar una decisión?
  5. ¿Quien realiza la lectura distingue entre orientación espiritual, opinión personal y diagnóstico profesional?

Estas preguntas no buscan vigilar la espiritualidad, buscan conservar algo esencial dentro de ella: la consciencia de que seguimos participando en la construcción del significado.

Conocer el origen del tarot nos muestra que las cartas nunca permanecieron quietas; Italia las convirtió en juego y arte; Francia les dio una nueva biografía esotérica; Pamela Colman Smith transformó su lenguaje visual; la psicología simbólica y las búsquedas espirituales contemporáneas las llevaron hacia el autoconocimiento.

Tal vez por eso siguen vivas, no porque hayan respondido de la misma manera durante seis siglos, sino porque los seres humanos continuamos haciéndoles preguntas distintas.

Preguntas frecuentes sobre el origen del tarot

¿Dónde y cuándo nació el tarot?

Las primeras referencias documentadas aparecen en el norte de Italia durante las décadas de 1440 y 1450. Las cartas se utilizaron inicialmente para un juego de triunfos y algunas barajas fueron encargadas por familias cortesanas como los Visconti y los Sforza.

El tarot nació en el antiguo Egipto

No existe una cadena documental que conecte las barajas italianas del siglo XV con el antiguo Egipto. La idea fue difundida en Francia por Antoine Court de Gébelin a finales del siglo XVIII y se volvió muy influyente dentro del esoterismo occidental.

¿Cuándo comenzó a utilizarse el tarot para adivinar?

La cartomancia existía antes, pero el uso sistemático del tarot con fines adivinatorios se desarrolló especialmente en Francia durante las últimas décadas del siglo XVIII, con autores como Court de Gébelin y Etteilla.

¿Jung relacionó directamente el tarot con los arquetipos?

Jung desarrolló los conceptos de arquetipo, símbolo e individuación, pero no creó un método de tarot. Autoras posteriores, entre ellas Sallie Nichols, aplicaron su pensamiento a la interpretación de los arcanos.

¿Para qué se utiliza el tarot en la actualidad?

Se emplea para adivinación, orientación espiritual, autoconocimiento, creatividad, conversación y ritual. El uso depende del método y de la persona que lee.

Una práctica responsable mantiene las decisiones en manos del consultante y no reemplaza atención médica, psicológica, legal o financiera.

Una historia que continúa escribiéndose

El tarot no viajó en línea recta desde un templo antiguo hasta una mesa contemporánea, su historia se parece más a una conversación de siglos: cada cultura recibió las cartas, conservó algunas imágenes y añadió nuevas maneras de comprenderlas.

¿Tú utilizas el tarot para predecir, para escucharte o para descubrir preguntas nuevas? Comparte tu experiencia en los comentarios.

Y si este recorrido puede ayudar a otra persona a acercarse a sus prácticas espirituales con curiosidad y libertad, envíale este artículo.

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Author: Redacción

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